VIEJOS “METETES”

Una de las cosas que me llama la atención entre mis coetáneos es su afán por intervenir en la vida de los jóvenes, sus gustos y su manera de encarar las actividades, cosas todas que no solemos entender.
Es normal que no las entendamos porque tampoco las entendían nuestros padres y abuelos entedían las nuestras.

Me suelen decir que ciertos jóvenes tienen confianza en mí. Supongo que es porque me esfuerzo en no opinar sobre su conducta y solamente, cuando me piden un juicio lo doy señalando que es mi punto de vista personal.

Confieso que yo que no soy joven también me irrito por la inflexibilidad de mis coetáneos, en este caso, no sobre los jóvenes sino sobre mi mismo.
En más de una situación me pregunto el por qué de la intolerancia de los ancianos midiendo todo según lo que a ellos les enseñaron “los grandes muertos”. Esos seres que jamás existieron, pero que se supone dictaron la perfección de la vida ( ellos no practicaron tampoco) a los que mis contemporáneos tanto los admiran.

Supongo que esa intolerancia de los ancianos proviene de la decadencia de su Poder como seres humanos. Sólo criticando a los demás se sienten afirmados ya que así demuestran una “sabiduría” ficticia que han comprado en libros y revistas, pero que no proviene de un análisis propio de su realidad presente, ni de la pasada.
Se suponen a sí mismos “santos” y para ello necesitan denigrar continuamente las costumbres que no son las que “ahora se practica” y ellos rechazan muchas veces por necesidad o impotencia.
A través de mi vida, cuando he tenido la posibilidad de investigarlo, he decubierto con frecuencia. que los GRANDES MORALISTAS, “hombres sin tacha” habían tenido o, aun tenían una vida

NADA MORAL SEGÚN SUS PROPIAS REGLAS.