HERRENVOLK
Herrenvolk. El pueblo de los Señores. El pueblo de los Escogidos.
Palabra tan querida de los nazis. Posiblemente muy anterior a ellos mismos.
Puede ser que provenga de los tiempos feudales.
No importa. La detestamos como una insignia del racismo.
Todos somos iguales como lo proclamó la Revolución Francesa.
Después de muchos años rechazarla, cosa que aun siento, empiezo a pensar que SI existe un Pueblo de los Señores, pero no en un sentido racista, ni siquiera sociológico, sino de índole síquico- mental. Más aun, algo que no se puede adquirir, sino que se nace con ello y que es transversal a todo nivel racial, social, económico…En fin a todas las divisiones habituales para clasificar a las personas. Quizá sea algo parecido, en el orden emocional, a las diversas capacidades mentales que nos separan en forma insuperable.
Tampoco creo que ello tenga relación con las capacidades mentales, porque se observa que muchos brillantes e, incluso, superdotados son unos perfectos “patanes”. Tampoco se puede decir que pertenezcan a ese Pueblo de Señores, gentes que han pertenecido durante muchas generaciones a las clases dominantes consideradas como señoriales. Ellos, fuera de imitaciones más o menos bien modeladas, tampoco pertenecen al pueblo de los Señores.
Siempre cuento la siguiente anécdota que me ha tocado vivir, entre otras muchas experiencias.
Fue después del gran Tsunami del 21 de mayo de 1960. Ni siquiera recuerdo donde pero en un lugar apartado de la costa entré en conversación con una pobrísima familia de pescadores. Tenían una choza de tablas con piso de tierra. Invitado a entrar no existía sino una mesa de tablas en bruto, pulida por el uso y nos bancos para sentarse.
Querían ofrecerme algo como agasajo. Solamente tenían jaibas cocidas y té. Me las colocaron sobre la mesa y el té fue servido en jarritos desportillados de fierro esmaltado. Pero aquella pareja descalza lo hacía todo con una elegancia natural, con un cariño y respeto (no servil) que mostraba una cortesía no aprendida y yo captaba que no se sentían avergonzados, sino que me trataban como un ser humano igual a ellos.
Algo semejante se cuenta de la hospitalidad de viejos beduinos del Sahara, que me contaron los amantes del desierto. Algo les quedaba a mis amigos argelinos de los bidonvilles cuando me invitaban a tomar el te a la menta en una sencilla ceremonia, sentados sobre un tapiz en el piso en las afueras de Oran o Argel.
Me he preguntado muchas veces en que consiste esa “distinción” natural, ese saber caminar como danzando; esa fuerza que emana en una persona carente de rango social, pero que se hace respetar sin los signos del poder; eso que algunos llaman carisma de líder; esa presencia señorial en personas que sin ella sería consideradas como “pobres tipos”, pero que su aura transforma en “alguien fuera de serie”.
ara ello nos es necesario dinero belleza , conocimiento profesional sino la calma interior que lo da el desapego a esta naturaleza y el encontrar que hay otra realidad fuera que no conocemos pero que percibimos por el prerecuerdo de donde un dia vinimos.
Creo que la condición para pertenecer al pueblo de Los Señores es amar lo que se vive y vivir lo que se ama al mismo tiempo.
Pocas personas lo logran.
Aunque lo intentamos.